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La Guerra en Nuestras Mentes y Cuerpos
Los efectos de la guerra y otros conflictos bélicos que vivimos a diario tienen sus efectos tanto en el cuerpo como en la mente. La búsqueda de una resolución para estos efectos tan sumamente dañinos ha llevado a la integración de escuelas de terapias físicas y somáticas, en un intento de devolver a sus víctimas directas e indirectas la estabilidad física y emocional. Ayudar a reconstruir vidas es un proceso que conlleva mucha disciplina, conocimiento y fuerza de voluntad.
Los conflictos bélicos de todo tipo tienden a ahogar el individualismo y a apagar la llama del espíritu, si ésta no se fortalece mediante ejercicios físicos y espirituales, descanso y sana alimentación. Lamentablemente, las víctimas no se limitan a las bajas en el campo de batalla. Atrás quedan, pero solamente en términos de la historia, todos los que de una u otra forma entregaron la vida. Aquí quedan las familias incompletas, los vacíos que nos cuesta una vida tratar de llenar. En fin, que las verdades de la guerra nos sacan la vitalidad, afectan nuestros cuerpos y llenan nuestras mentes de imágenes imborrables.
Las manos del masajista empiezan en la primera sesión por sentir y escuchar los mensajes que el cuerpo de su nuevo paciente le comunica. Es a través de las manos, que se perciben los bloqueos, los endurecimientos los traumas y acumulaciones de toxinas residuales. Los que tienen en sus cuerpos y en sus mentes huellas de los efectos de la guerra, comunican mensajes muy particulares. Se trata de mensajes lastimosos y violentos, que con frecuencia, como ya se dijo antes, son imborrables.
Los denominadores comunes de los efectos se presentan en la forma de rabia, culpa, frustración, horror, pena y vergüenza. Todos ellos se combinan en una mezcla tóxica que permea el sistema nervioso y lo utiliza para llegar a diversas partes del cuerpo, arropándolas con veneno. Esa mezcla tóxica se interna en músculos, ligamentos, tendones y nervios. El cuerpo humano como lo conocemos pasa a ser campo de batalla. Dice Stephanie Mines en su artículo sobre la guerra y el cuerpo, que al tocar a un sobreviviente de la guerra, a una persona que ha sido física y mentalmente castigada, tropezamos con campos minados. Si no se posee un conocimiento profesional que sirva de guía en un campo así, desmantelar esas energías será muy difícil.
La guerra moderna se enfoca primordialmente en los civiles. Curiosamente, queremos distanciamos de esos civiles, que no somos más que nosotros mismos. Habitamos un mundo que es producto del combate y nos amparamos en un espacio ocupado por la autonegación y nos miramos desde fuera como si fuéramos otras personas.
El tratamiento de las heridas de la guerra debe comenzar en el sistema nervioso, midiendo el miedo y la negación. Aceptando la ayuda que se le ofrece, el sistema nervioso, que equilibra en gran medida el funcionamiento completo del cuerpo, alcanza niveles de balance inesperados. El campo minado del que hablábamos antes empieza a presentar visos de tener un mapa trazado a mano por el terapeuta de masaje. Una guía mediante la cual tirar abajo las murallas que se levantan impidiendo al sistema nervioso funcionar adecuadamente.
Hay que escuchar al propio cuerpo y dejar que lo escuchen los profesionales del masaje para afinar los instrumentos que componen el sistema nervioso. La reacción inicial del cuerpo es la negación de existe un esquema de problemas que se reflejan en forma de síntomas de anomalía. Es el mecanismo interno del cuerpo en un esfuerzo por sobrevivir. Los músculos, ligamentos, tendones y nervios dañados necesitan ser nuevamente educados a bajar la guardia un poco, a no sobreproteger al sistema y a no trabajar horas extra innecesariamente.
El trabajo de masaje en saca a la superficie las historias de los cuerpos. En eso estriba su señal de alivio y protección. Escuchar los mensajes del cuerpo puede ser la vía para descubrir que vivimos un mundo aislado, o encerrado para protegernos del enemigo años después de haber terminado la situación de terror o la guerra. Se reeduca el cuerpo para que vivamos armoniosamente con nuestro cuerpo y nuestros sentimientos. El impacto del horror y situaciones críticas de amenaza se incrusta en nuestras células y se perpetúa el daño a nuestro sistema entero. El currículo del terapeuta de masaje y de los profesionales de la psicología y psiquiatría pueden integrarse para forjar de la mano a nuevos individuos que emerjan de sí mismos, tal y como una misma planta retoña y echa nuevas flores y frutos.
Es importante que en el proceso de reactivar emociones, especialmente en personas que albergan encerradas emociones muy intensas, incluya una entrevista a conciencia con el paciente, para tantear por ejemplo, si los temores que alberga la persona incluyen maltrato físico, por la sencilla razón de que dicha persona requerirá una estrategia de masaje individualizada, porque su reacción al tacto del masajista puede tener un efecto contraproducente y será necesario actuar con suma cautela para adentrarse en las cicatrices de ese cuerpo y mente. Desafortunadamente, las personas no presentan una fórmula única. Somos tan distintos como nuestro DNA.
Fuentes:
Stephanie Mines, Ph.D. "We are All in Shock: How Overwhelming
Experience Shatters You and What You Can Do About It."
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